El terror de 40 segundos eternos: el terremoto de Caracas del 24 de junio de 2026
Una pausa en la cultura pop para hablar del duelo.
El 24 de junio del 2026 a las 5:58, estaba por tomar el ascensor para ir a comprar un poco de pan a mi panadería favorita, cuando escuché sonar una alarma en mi teléfono. Una que jamás había escuchado hasta entonces. Miré la pantalla y vi un globo de notificación de Google: Puede que haya un temblor de tierra en el lugar en que te encuentras, leí. Las puertas del ascensor se abrieron y me quedé de pie, aturdida. Lo demás, es un borrón de imágenes. El peor terremoto en la historia de Venezuela comenzó unos instantes después y antes de entender qué ocurría en realidad, me encontré corriendo, con todo a mi alrededor sacudiéndose de una manera que creo recordaré en cada pesadilla el resto de mi vida. El bramido de la tierra era un eco que subía por el hueco de la escalera del pasillo de mi edificio, un retumbar violento que me hizo llorar de puro miedo. Los vecinos gritaban y en algún punto, me caí al suelo y pensé que moriría. Un pensamiento sencillo, simple, crispado de pavor y horror. Pero uno exacto que recuerdo con más claridad que cualquier otra cosa. Iba a morir. Eso era todo.
Lo que cuento más arriba ocurrió en menos de un minuto. Que duró mi vida completa, todo mi futuro. El terremoto parecía no acabarse jamás y yo solo corría, gritando, despavorida, hasta que tropecé con mi prima y mis vecinos, cuando todos nos abrazamos en medio del puro terror para esperar lo que sea que pasara después. El suelo no parecía detenerse jamás; el miedo estaba en todos lados. El miedo era todo, el miedo era el mundo.
No sé cómo narrar mejor la que es probablemente la peor experiencia de mi vida. Estoy viva, ilesa, no me pasó nada pero me pasa el país. Me pasan los 50 mil desaparecidos en La Guaira, me pasa la desaparición de Daniel Licón, hermano de mi amada Azalia, me pasa la muerte de Deborah, mi alumna tan adorada en mis clases de autorretrato. Me pasa cada persona de la que no tengo noticias. Me pasa cada persona que no sé si está bien: las lágrimas de mis vecinos, el horror de los que duermen en la plaza frente a mi casa, el miedo en todas partes y el sufrimiento.
Estoy viva, estoy ilesa, pero herida para siempre.
Sin otra intención que guardar algunos datos para que sean parte de la historia de mi vida, dejo a continuación seis cosas sobre lo que ocurrió.
¿Qué ocurrió en Venezuela el 24 de junio de 2026?
El terremoto fue extremadamente destructivo debido a la inusual ocurrencia de un doblete sísmico, un fenómeno en el que dos terremotos masivos de magnitudes 7.2 y 7.5 golpearon la región con solo 40 segundos de diferencia. Esta sucesión tan rápida provocó que las ondas expansivas se solaparan, sometiendo a las estructuras a una vibración violenta y continua por más de un minuto. Los edificios que lograron resistir el primer impacto ya se encontraban severamente debilitados estructuralmente cuando la segunda y más fuerte sacudida los azotó, lo que causó el colapso inmediato de numerosas edificaciones y viviendas multifamiliares en el área metropolitana.
A esta brutal fuerza de la naturaleza se sumaron las características geológicas del suelo de la ciudad y las vulnerabilidades urbanas existentes. Zonas como Los Palos Grandes y Altamira están asentadas sobre una cuenca sedimentaria profunda que amplificó de forma crítica la intensidad de las ondas sísmicas, un fenómeno conocido como efecto de sitio. Esta amplificación, combinada con la falta de aplicación a las normas sismorresistentes en construcciones antiguas y la densa urbanización no planificada en los sectores populares de los cerros de Caracas, maximizó el nivel de destrucción, dejando miles de estructuras colapsadas o inhabitables.
¿Cuántas víctimas hay actualmente?
El balance oficial más reciente registra 920 víctimas mortales y 3,360 heridos, aunque medios como Univision señalan que la cifra real de fallecidos ya roza los 1,000 debido al constante hallazgo de cuerpos en los escombros. Entre los decesos confirmados se encuentran numerosos ciudadanos extranjeros, destacando 28 de nacionalidad portuguesa, 7 chinos y 5 españoles que residían en las zonas del desastre. Los hospitales de la Gran Caracas se encuentran completamente desbordados, intentando atender la masiva afluencia de lesionados en medio de severas fallas de insumos y servicios básicos.
Por otro lado, la Organización de las Naciones Unidas estima que existen más de 50,000 personas desaparecidas. Las autoridades aclaran que este alarmante número se debe en gran parte al colapso total de las redes telefónicas y eléctricas, lo que mantiene a miles de ciudadanos incomunicados pero potencialmente a salvo. Para hacer frente a esta emergencia, brigadas de rescate especializadas provenientes de 17 países ya se encuentran desplegadas en las zonas más golpeadas, como Los Palos Grandes y La Guaira, en una carrera contrarreloj para hallar sobrevivientes bajo las estructuras colapsadas.
¿Cuál es el estado más afectado?
El estado La Guaira es el territorio más devastado por la tragedia y ha sido declarado formalmente como “zona de desastre” por el gobierno nacional. Esta entidad costera sufrió el impacto más violento debido a su cercanía con la costa y a la vulnerabilidad de sus construcciones, lo que provocó el colapso absoluto de más de 100 edificios residenciales y comerciales. Las localidades de Caraballeda y Catia La Mar concentran los escenarios más críticos, donde los sobrevivientes comparan la magnitud de la destrucción con el deslave de 1999, afirmando que esta catástrofe ha sido aún peor.
La gravedad de la situación humanitaria en la costa obligó al despliegue urgente de 11,500 funcionarios militares para mantener el orden público y evitar saqueos en los comercios locales. Toda la región litoral padece la falta total de energía eléctrica, agua potable y comunicaciones, por lo que el hospital naval y los campamentos de campaña internacionales instalados en la zona concentran la poca ayuda médica disponible. Los equipos de rescate centran allí sus esfuerzos prioritarios, intentando despejar las principales avenidas para permitir el ingreso de la asistencia humanitaria que llega desde el exterior.
¿Cómo puedes ayudar?
Puedes colaborar realizando donaciones económicas directas, que es la vía más rápida y eficiente recomendada por la embajada [▲], o entregando insumos en los centros de acopio autorizados si te encuentras en Caracas o en el exterior. Para aportes financieros o ayuda médica a gran escala, puedes donar en las plataformas internacionales activadas por Cáritas Venezuela el Comité Internacional de Rescate (IRC), y el International Medical Corps, organizaciones que actualmente despliegan unidades médicas y distribuyen agua potable en las zonas de desastre.
Si deseas donar insumos físicos en Caracas, los centros de acopio prioritarios reciben agua embotellada, alimentos no perecederos, pañales y suministros médicos de primera necesidad. Puedes acudir directamente a la Concha Acústica de Bello Monte (de 9:00 a.m. a 7:00 p.m.) , a la Plaza Francia de Altamira o a la Clínica La Floresta, que funciona las 24 horas recolectando fórmulas lácteas e insumos pediátricos para los niños afectados. Si estás fuera de Venezuela, puedes revisar guías de acopio locales en plataformas verificadas como EL PAÍS América o consultar centros habilitados por fundaciones aliadas en el extranjero.


Muy bueno, Aglaia. ¿Podemos citar un extracto de la primera parte en Caracas Chronicles? Abrazo desde Montreal
El terror que se nos quedó en los huesos.